Real Fábrica de Betunes

Cabaña Real de Carreteros

Paralelamente a la recuperación del patrimonio, la C.R.C. ha llevado a cabo trabajos de investigación y gestión documental en la extensa información existente sobre la utilización del monte La Dehesa en el siglo XVIII por la Real Armada en la obtención de madera y pez para navíos.

En este sentido, es encomiable la labor de algunos investigadores como José Luis Moreno Peña, profesor emérito de la Universidad de Burgos y miembro de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, que ha documentado la historia de la Real Fábrica de Betunes. También es destacable la labor de Silvia López Wehrli, responsable del Museo Naval Álvaro de Bazán en Viso del Marqués (Ciudad Real), y su trabajo “La Real Fábrica de Betunes de Quintanar de la Sierra”, recientemente expuesto en la Institución Fernán González de Burgos.

Ambos trabajos están siendo ampliados en este momento gracias a los importantes archivos que el Ayuntamiento de Quintanar conserva, como los labrados de maderas del siglo XVIII para la Real Armada y el Rivero de Caxo, que se ubicaba en Santander.

Según esta documentación, en 1785 la Real Armada edificó en las afueras de la Villa de Quintanar de la Sierra una fábrica de betunes que sería conocida como Casa del Rey debido al escudo de Carlos IV que la presidía (foto inferior). Este lugar pronto se convirtió en la plaza mayor de la localidad, por ello, se decidió ampliar la fábrica y trasladarla al extrarradio, donde hoy se encuentra la Casa Forestal.

Los motivos para establecer esta fábrica y el centro de gestión en Quintanar fueron la frondosidad, madurez y accesibilidad de su monte con respecto a los vecinos de la Sierra del Arlanza. Por ello, más de la mitad de los sesenta hornos construidos en esta área están ubicados en el monte La Dehesa.

Al frente de la fábrica había un Comisario de Guerra que gestionaba las conducciones de brea y madera hasta el Rivero de Caxo en Santander, así como las reforestaciones, las cortas y las labras de madera. Estas conducciones de hasta 15.000 codos cúbicos anuales, conocidos como Codos de Burgos, suponían más de mil carros de madera.

En el aspecto silvícola, la gestión de la Real Armada, excavando raíces y tocones para los hornos de pez, acabando con las roturaciones de los montes, obligando a los concejos a tener sus propios viveros y reforestando cinco plantas por pino apeado, renovó significativamente las masas forestales y proporcionó una gran fuente de empleo vecinal.

En 1833 la Real Armada traspasó la gestión de estos montes al Ministerio de Fomento que llega a la conclusión de que la mayoría de pinos cortables del monte La Dehesa, inventariados en 1969, nacieron en la época de la Real Armada.

Durante los últimos cincuenta años, con la moderna ordenación, se ha renovado un tercio de su superficie siguiendo las pautas del desarrollo sostenible que implica no perder nunca el capital maderero inicial. Por esta razón, todavía existen hoy masas de más de dos siglos de antigüedad.

El estudio pormenorizado de este tema permitiría conocer la ejemplar silvicultura practicada por los ingenieros de la Real Armada en España un siglo antes de que naciera la actual ciencia forestal.

Profundizar en ello, servirá además para desmitificar la “historia negra” asociada a la Real Armada y al Reino de España como esquilmadores de las masas forestales, cuando la realidad demuestra que la importante cultura forestal en España, desde el Medievo y el Concejo de Castilla hasta la actualidad, fue la que permitió construir ciudades y obras públicas como la Catedral de Burgos, El Escorial, la Real Armada, la RENFE y un sinfín de obras privadas.