Origen Histórico

Su verdadero título era Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros, Trajineros, Cabañiles y sus Derramas. Instituida por los Reyes Católicos en 1497 aunque ya existía con anterioridad, su fin era el de organizar el transporte que garantizaba el abastecimiento del reino y las necesidades de la propia corona. Estaba dotada de una organización jurídica y jerarquizada tanto a nivel nacional (juez protector), como regional y local (alcaldes de cabaña), y gozaba de algunos privilegios como el paso y pasto de ganados o maderas para el arreglo de carros, además de exenciones de portazgos y del servicio militar.

Los pueblos que componían la hermandad serrana eran los siguientes: de Burgos: Canicosa, Hontoria, Palacios, Quintanar, Regumiel y Vilviestre de la Sierra; de Soria: Casarejos, Covaleda, Duruelo, Molinos, Navaleno, Salduero y San Leonardo de Yagüe; posteriormente se añadieron las derramas de Abejar, Cabrejas, Herreros y Villaverde del Monte.

En otras sierras similares del Sistema Ibérico, como la de Almodóvar del Pinar (Cuenca) o la de Navarredonda de Gredos (Ávila), existían otras organizaciones provinciales de la Cabaña Real de Carreteros que, inicialmente, se repartían el territorio nacional. Pero la hermandad soriano-burgalesa se hizo hegemónica; traspasó estas demarcaciones llevando mercurio hasta Almadén o Sevilla para amalgamar el oro.

Las carretas formaban trenes de carretería de más de treinta carros, al frente de los cuales se situaba el mayoral seguido de aperadores, carpinteros, carreteros, conductores, pasteros, gañanes y mozos de carga; que trajinaban todo el año, salvo en el invierno, cuando dejaban bueyes y carros a cargo de los mozos pasteros en las dehesas del Duero, Pisuerga, Benavente, o incluso en Extremadura.

Según el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1753, la hermandad estaba compuesta por 1.112 carreteros, sobre un total de 1.912 vecinos, poseedores de 8.642 carretas de las que 6.000 eran de “puerto a puerto”, es decir, capaces de ir de Santander a Sevilla con 22.331 bueyes y vacas serranas negras, como se extrae del libro “Junta y Hermandad de la Cabaña Real de Carreteros” de Pedro Gil.

Los transportes de los carreteros habitualmente servían a la corona: tropas y vituallas, obras oficiales como El Escorial, maderas y alquitranes de la Real Armada a los puertos del Cantábrico, monopolios como los de la sal de Poza, Añana o Imón, y siempre, el abastecimiento a la Villa de Madrid.

Entre los transportes privados destacan el de lana para la exportación, el del negocio de ultramar con Sevilla y, sobre todo, el de madera para multitud de edificios, algunos de ellos singulares como el Conjunto Palacial de la Villa de Lerma o la Catedral de Burgos.

Sus privilegios, como los del Honrado Concejo de la Mesta, decaen a mediados del siglo XIX, pero es principalmente la pérdida del peso y el poder de las ciudades castellanas de interior frente a las de la costa y el transporte marítimo y ferroviario, los que liquidan la gran carretería serrana.

Los carreteros se tornan madereros, elaboran sus suertes de pinos comunales, fabrican trillos, gamellas o taburetes en invierno y sierran pinos para recorrer los pueblos de Castilla en primavera, bajando por el Arlanza, Lerma, El Cerrato, Valladolid, Astudillo, Villalpando, Valderas o Benavente, pueblos que todavía hoy celebran en el mes de junio ferias en torno a la madera.

Pero el carácter inquieto de los carreteros los conduce al negocio de los camiones y, entre los años cincuenta y setenta, se introducen en los macizos forestales de pino silvestre en Segovia, Cuenca y Guadalajara. No siendo suficiente, se expanden al pino insigne del País Vasco y al pino landas de Francia. De esta forma, la sierra pinariega soriano-burgalesa hace de nexo de unión entre el macizo forestal más productor de Europa, el Arco Atlántico hispano-francés, con el gran mercado maderero del Mediterráneo y Andalucía.

Cuando uno sale de los pueblos pinariegos y encara la estepa castellana, no es muy difícil encontrarse en el camino alguno de los varios cientos de camiones que día a día realizan el trasiego maderero que en tiempos hicieron sus antepasados, los que dieron nombre a la vía común: la carretera.


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